
En Subirats , municipio y localidad situado en la comarca barcelonesa del Alto Penedés, se sitúa uno de los museos más particulares y especiales de Catalunya. Se trata del Museo del Esperanto de Subirats, museo que fue inaugurado el 5 de mayo de 1968 con motivo de la X Asamblea de Esperantistas de la Provincia de Barcelona celebrada en Sant Pau d´Ordal.
Desde aquel día, el pueblo tiene una calle dedicada al Dr. Zamenhof, precisamente la calle que se sitúa el actual edificio del museo, construido en 1974. El primero fondo se formaba de 1.200 libros, 5.000 revistas y diarios y 85.000 postales, 500 de los cuales escritas en esperanto.
No obstante, ese fondo ha ido creciendo sin parar y actualmente podemos ver hasta 25.000 elementos en buen estado de conservación pese al paso de los años, pues algún que otro documento ya posee más de cien años.
La hemeroteca del museo es seguramente la parte más relevante del fondo del museo. Posee 15.000 revistas que corresponden a 5.000 revistas diferentes. En cuanto a sus libros, el número de éstos ha subido hasta los 9.000 volúmenes que se bifurcan en todo tipo de géneros, desde novelas y poesía universal hasta gramáticas y diccionarios que tienen que ver con el esperanto.
Hoy día podemos ver hasta 150.000 postales y 1.300 carteles y hojas informativas, tanto en blanco y negro como en color y todos ellos editados con motivos de actos esperantistas de todo el mundo. En cuanto a las cartas, pese a que no se ha hecho un cálculo total, se pueden disfrutar de un cúmulo de la correspondencia que Lluís Hernandez tuvo con más de 800 esperantistas de todo el mundo.
También hay objetos como pegatinas, ceniceros, banderas, pins, etc., es decir toda una colección del “merchandising” esperantista.
Si queremos conocer este museo-fondo documental podemos ir en una de las visitas guiadas que se hacen los sábados aproximadamente a las 13h. y a las 16h. Los domingos también hay una visita guiada a las 13h.
En fin, todo un museo interesantísimo de una lengua que tal cómo su filosofía promueve, hace que todo el mundo nos podamos comunicar en una misma lengua sin dejar de lado la propia.
Foto Vía: Gabriel Ehrnst GRUNDIN