No se puede dudar de que Barcelona es y ha sido durante todo el último siglo ciudad predilecta para artistas. La magia de Barcelona, pero, no sólo ha hecho que los mejores artistas mundiales hayan querido visitarla o estacionarse, sino que de aquí hayan salido algunos de los más importantes artistas europeos de todos los siglos. Gaudí es el ejemplo más claro, pero no el único.
Los conjuntos artísticos y arquitectónicos de Lluís Domènech i Montanter son quizás el ejemplo o resumen perfecto de la evolución del estilo modernista genuino de Catalunya. Detrás de sus paredes encontraremos el trabajo de un humanista que quiso unir la incipiente modernidad que trajo consigo la revolución industrial y la tradición en obras de belleza formal y racionalidad más clásicas para España.
Él es el ejemplo claro de la combinación de ambos modelos, un artista que ha ayudado a Barcelona a ser referente mundial en cuanto al modernismo.
Suyo es el Castell dels Tres Dragons, edificio situado en la Ciutadella y que fue el restaurante de la Exposición Universal del año 1888. Este edificio fue el descorchador del bote de esencias en el que se convertiría un estilo arquitectónico clave para la ciudad.
Y es que sólo un personaje como él, humanista, docente, político, historiador y arquitecto podría poner el colofón, la guinda a la definición modernista en Catalunya, basado en una arquitectura que pese a poseer todos los caracteres modernos del modernismo, también poseía todos los elementos del carácter nacional catalán.
Su compromiso con el catalanismo político y cultural marcaron su vida y obra, marcaron sus contenidos. Está considerado como el impulsor y maestro, junto a Gaudí, del estilo modernista en Barcelona pues desarrolló un innovador lenguaje basado en la integración de varios tipos de artes.
Suyos son también las casas privadas de la Casa Lleó Morera, la Casa Fuster o el Palau Montaner, así como el famoso edificio público del Palau de la Música o el conjunto modernista del Hospital de Sant Pau, los dos últimos declarados Patrimonio Universal por parte de la UNESCO.
Vemos pues que Barcelona es mucho más que Gaudí en lo que al modernismo se refiere, su arte va más allá y ya en el siglo XIX se palpaba en el ambiente un aire innovador, que pretendía probar lo nuevo conservando lo tradicional. Un aire que aún mantienen los edificios de Domènech i Montaner.
Foto Vía: Yearofthedragon