Acueducto romano de Pineda de Mar

Hoy presentaremos el que es seguramente el monumento más importante de Pineda de Mar, localidad situada en la comarca del Maresme. El monumento, un acueducto romano situado a las afueras del núcleo urbano se conserva muy bien y merece su contemplación durante un buen tiempo.

El proceso de romanización de las tierras del Maresme fue muy intenso, tal como lo demuestra la importante red de villas y sus restos, que a partir del siglo II a.C. se extiende por toda la franja de costa. En total, en la comarca, se han encontrado hasta 200 restos de estas antiguas villas, por lo que visitar una de ellas además del acueducto, no está de sobra.

Dentro del término de Pineda de Mar existen también los restos de una villa romana en la masía de Can Roig, seguramente activa entre los siglos I y V de nuestra era. Los restos arqueológicos permiten deducir la importancia de este asentamiento, que se evidencia sobre todo por la existencia de un “lacus”, es decir, un depósito de riego alimentado por un acueducto.

El dicho acueducto, que es el monumento que hoy presentamos, recogía las aguas desde la vall de Riu, a la altura de Can Bufí y tenía un tamaño de hasta 3,5 km y un desnivel de hasta 40 metros en su recorrido, donde salvaba cuatro torrentes.

A la derecha de la carretera de Hortsavinya (el acueducto está en la carretera que une Pineda con Hortsavinya), a la altura de Can Cua, encontraremos los restos más interesantes del acueductos, a saber, cuatro arcadas bien conservadas y en muy buen estado. Según algunos expertos, datan de finales del siglo II o el siglo III. Otros remontan su origen antes, a saber, durante el I siglo después de cristo, entre el año 0 y 99.

El muro está hecho a base de piedras calcáreas o graníticas extraídas de la misma zona y se ligaban con mortero de cal y arena, los cuales se disponían en alturas diferentes. Se rompían a base de martillo y tendían a imitar las formas rectangulares, con la superficie plana en la parte de fuera. Aún así, no se puede negar su irregularidad.

Vemos, pues, que el lugar puede hacer perfecta competencia a distintos acueductos que aún se conservan en España y se convierte en el complemento perfecto después de visitar (o antes) algunos restos romanos del Maresme.

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