Las diversas fundaciones artísticas que forman la mayor parte del movimiento cultural de Barcelona tienen una fama bien ganada de no poderse estar nunca quietas. Es lo que le pasa a la Fundación Miró, que pese a estar de reformas en su sede original, nunca ha parado de ofrecer los mejores servicios artísticos al ciudadano.
Hoy presentaremos dos exposiciones presentes hoy en día en dicha fundación, dos exposiciones totalmente diferentes pero igualmente atrayentes. Se trata de las exposiciones “Murales: prácticas murales contemporáneas” (hasta junio) y “Pipilotti Rist” (hasta noviembre).
En cuanto a la primera, hay que destacar que ofrece una panorámica del renacimiento de las prácticas murales, tan importantes en otros tiempos, en nuestros días y la gran diversidad que podemos encontrar a día de hoy en este campo artístico.
Las salas temporales de la Fundación Miró serán el punto de encuentro y creación de un grupo de muralistas contemporáneos reconocidos y procedentes de diversos lugares del mundo. Todos estos artistas utilizan el muro para hacer impresionantes e imprevisibles composiciones, pero cada uno de ellos se suele aproximar con un estilo y voz propia. Desde las pinturas tradicionales de un grupo de mujeres de la etnia mauritana de soninké hasta las composiciones interactivas del sueco Jacob Dahlren, pasan en los espacios de la Fundación Miró diversos artistas que permite comprobar la vigencia y constante renovación de un formato y modo de hacer arte que ha acompañado al ser humano y a su creación desde tiempos inmemoriales.
El proceso de trabajo de los artistas seleccionados por “Murals” será filmado durante el montaje y proyectado en la sala de exposiciones.
La segunda actividad que recomendamos de la Fundación Miró es la exposición que se dedica a Pipilotti Rist, que nunca deja de sorprender y provocar al espectador con sus indagaciones artísticas que la envuelven en paisajes psíquicos y estéticos propios. También tiene fama de tener el “poder” de penetrar, a través de sus obras, en los estratos más profundos de la conciencia personal y colectiva, hasta situarse muchas veces, a caballo entre las dos conciencias de manera propia.
Rist, con sus propias instalaciones audiovisuales abre una pequeña ventana a un mundo extraño que va desde la fluideza colorada y sensual de “Sip My Ocean” (1996) a ñas desarrolladas con interacción de los espacios arquitectónicos, como por ejemplo, el “Homo Sapiens”, proyectado en el techo de la iglesia de Sant Stae de Venecia hace ya cinco años.
Dos propuestas totalmente diferentes pero a la vez atrayentes y contemporáneos que nos demuestran que la Fundación Miró esta más viva que nunca.