
Cabrera de Mar es un municipio tranquilo del Maresme, cercano a Mataró y pese a su nombre no situado en primera línea de playa. Al mantener viva su esencia, Cabrera de Mar ha mantenido también ciertos interesantes monumentos como a continuación comprobaremos.
El Castillo de Burriac es quizás el ejemplo más claro de la monumentalidad del pueblo. En la cima de la montaña de Burriac, el castillo lleva el nombre de Burriac o de Sant Vicenç y fue edificado durante el siglo XI sobre unos antiguos restos romanos. El primer comentario documentado en torno al castillo data de 1017, cuando el castillo se llamaba Bernat de Sant Vicenç y estaba bajo el dominio de los condes de Barcelona.
De estos pasaría a las manos de los Montcada en 1225. Los Sant Vicenç serían luego sus propietarios hasta el año 1352 cuando Berenguer de Sant Vicenç moriría arruinado y sin descendencia. El castillo fue entonces adquirido por los Desbosch, siempre bajo y fieles al dominio real. Tras varias cesiones y ventas más, el castillo fue abandonado hacia el siglo XVIII, lo que lo llevaría a presentarse en ruinas al siglo XX. Los restos fueron restaurados en el año 1994. Todavía hoy se conserva en buen estado la torre del homenaje, levantada en el siglo XV sobre la base de una torre medieval preexistente. También hay restos de la capilla de Sant Vicenç y de una buena parte de las murallas del siglo XI.
Para poder llegar al castillo tendremos que dejar el vehículo en el pla de la Font Picant y seguir a pie por un camino amplio y con poca dificultad que nos dejará a los pies del castillo hacia la media hora.
Otro edificio importante de la villa es Can Bartolomeu, el cual está documentado desde el siglo XII y que en el futuro se convertirá en una de las casas más importantes de Cabrera. El edificio que nos ha llegado pertenece al siglo XVII y tiene la típica estructura basilical. Un dintel gravado y situado a la altura de la tierra, justo en la entrada del recinto, lleva la fecha de 1662. Pero también conserva elementos anteriores, como las dos ventanas conopiales de tradición gótica y de finales del siglo XV.
El edificio se modificó y amplio hacia 1779, tal como lo recuerda un reloj de sol situado en su fachada. De aquella época queda todavía la galería con porches del lateral. El balcón que se nos presenta es del siglo XIX y la torre mirador del año 1942. Hoy día cumple las funciones de ser un centro cultural.
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