Estación de Francia en Barcelona

La capital catalana, en cuanto a segunda ciudad en importancia de España, tiene varios centros de comunicación, entre los que se encuentran varias estaciones de tren. No obstante, hay una que pese a su poco uso sigue siendo mágica, especial.

Se trata de la Estaciò de França o Estación de Francia, donde el buen gusto y la monumentalidad se exhiben en la que es la gran estación ferroviaria de Barcelona por excelencia. La Estación de Francia, grande en dimensiones y bella pese a su poca actividad nos sorprenderá gratamente.

Si nos acercamos al vestíbulo y a los viales descubriremos el por qué de la comparación de esta estación con la parisina de Orsay, viendo su elegancia, la comparación resulta obvia.

Fue en el año 1926, en plena transformación de la ciudad, cuando Barcelona se preparaba para la Exposición Universal del 29 en Montjuic, cuando gracias a la obra del ingeniero Andreu Muntaner, se construye la Estación de Francia. Con la ayuda de Pedro Muguruza, arquitecto, los dos artistas unieron sus esfuerzos para dotar a la que sería la nueva estación de Barcelona de los elementos necesarios que hicieran de ella una estación moderna, elegante y digna. Y es que no era para menos, pues sería la primera estación que uniría Barcelona con el país vecino, Francia.

La estación se nutre básicamente de dos unidades, a saber, las naves y el vestíbulo. En total, doce vías y siete andenes se extendieron en una doble marqusina metálica y curvada, bello ejemplo de la llamada arquitectura de huerro, que hizo posible una nave doble llena de luz y sensación de espacio.

Dentro de la estación sucede básicamente lo mismo. Con el vestíbulo novecentista diseñado por Duran Reynals, el cual origina un espacio amplio y perfecto para todo tipo de actividades, y con la ayuda de un elegante reloj puntual, veremos por qué esta es la estación de tren más especial de Barcelona. Una maqueta nos enseñará el conjunto de la estación.

Hay que decir que tanto aquí como en los edificios que rodean los viales, se utilizaron curiosamente materiales lujosos como el mármol y el bronce, lo cual le dio al recinto el toque vistoso que tanto identifica y tan clavada queda en el recuerdo. La ocasión no era para menos. Se esperaba que la mayor parte de visitantes extranjeros que vinieran para la Exposición Universal que se celebraría dos años antes tendría esta primera impresión de Barcelona.

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