 Calaf es uno de los pueblos más atractivos de la provincia de Barcelona, y lo es debido a su monumentalidad. En este post daremos una pequeña idea, tomando tres ejemplos, del potencial turístico del municipio, que como veremos a continuación, no es poca. Comencemos por la Plaça Gran, el cual comienza su historia a mediados del siglo XIV, cuando se originó el antiguo mercadal a extramuros del castilla. La plaza y las estrechas calles que la envuelven se configuraron a partir del siglo XVI coincidiendo con el importante auge demográfico que se produjo a consecuencia de la importancia del maiz en el momento. El suelo de la plaza es irregular y posee cierto desnivel. A parte de la iglesia, la veremos envuelta por un conjunto de casas porticadas, con arcos de medio punto o rebajados y siempre envigados de madera. Fueron edificadas allá por entre los siglos XVI y XIX. Restuarada y pavimentada la plaza en época moderna, el lugar constituye uno de los conjuntos urbanos más interesantes de la comarca del Anoia. Otro de los atractivos monumentos de Calaf es la Ferrera, casa de origen medieval (el lugar está documentado desde el año 1015) y reconstruido hacia los siglos XV y XVI, en ella residió durante este periodo de reconstrucción la familia Sala. Hoy día, por triste desgracia se encuentra más bien en ruinas y en peligro de que se caiga del todo. En el exterior todavía se pueden ver algunas ventanas de tradición gótica. Un último monumento que comentaremos de Calaf es el Hospital, uno de los monumentos que nos darán la idea de cómo es la ciudad. Está unida a la muralla, debajo del castillo. Fue construida durante el siglo XVI y rehecho entre todo un siglo (1783 -1884). Hay que destacar la torre que protegía una de las torres de la muralla. Además, el edificio está hecho de piedra y se conserva muy bien después de la restauración. En sus orígenes tenía la función de acoger a viajeros y cuidar a los enfermos. Más tarde fue sede de las monjas carmelitas y después de los dominicanos. Hoy día es un centro cívico donde se hacen actividades culturales. Así pues, visitar Calaf es trasladarnos varios siglos atrás y disfrutar de una arquitectura y estructura de edificios que casi se mantienen vírgenes desde su construcción. |