
Barcelona tiene monumentos para dar y tomar. Ha sabido mantener su patrimonio ejemplarmente y por ello hoy, tanto lugareños como visitantes de todo tipo, pueden conocer su historia y sus formas de vida de manera completa.
Ejemplo del mantenimiento del patrimonio es la Casa de l´Ardiaca, el cual se encuentra en medio del barrio gótico, tocando la catedral de Santa Eulália y a la cual se accede girando a la izquierda en la famosa calle del obispo que une la Plaza Sant Jaume con la Plaza de la Catedral.
La estructura de Casa de l´Ardiaca es globalmente, en general, de carácter gótico, aunque hay detalles de contenido renacentista italiano. Originariamente del siglo XII, fue reformada por Lluís Desplà i d´Oms, presidente de la Generalitat, adaptándolo al estilo de los palacios contemporáneos al 1510.
El patio del edificio no se pudo construir en el centro del edificio siguiendo los cánones de la época porque no había suficiente espacio al estar el edificio tocando la muralla romana, por lo que se tuvo que situar en la entrada. Para que la entrada fuera magistral se le añadió una puerta de planta noble. En el año 1870 fue comprada por Jordi Altimira y éste, junto a Josep Garriga fue el artífice de la mayor remodelación del edificio al unirlo con la vecina Casa del Degano. Esto supuso la alteración y el traslado de numerosos elementos originarios, por ejemplo, el enclaustramiento del patio.
Posteriormente, en 1895, el edifico pasará a ser la sede del Colegio de Abogados de Barcelona, los cuales en 1902 encargarían a Lluís Domenech i Montaner la decoración del edificio. De hecho, el buzón modernista de la fachada es de él.
Finalmente, la casa de l´Ardiaca pasará en 1920 a manos del Ayuntamiento de Barcelona, el cual desde un año después y hasta hoy día lo convirtió en la sede del Archivo Municipal de Historia. La adecuación del edificio para esta función fue dirigida por Josep Goday a partir del planteamiento de Duran i Sanpere. Fue declarado como Bien Cultural de Interés Nacional ya en diciembre de 1924.
Como curiosidad, decir que la muralla romana es visible desde el interior del edificio, desde la planta baja y que en el patio se encuentra una palmera que tuvo todo el apoyo popular cuando el ayuntamiento quiso derribarla.