
Barcelona tiene pueblitos o lugares que nos llevan a una realidad contraria al de la ciudad, sitios en los que la paz y tranquilidad son una realidad y en la que se puede estar sin más sobresaltos ni estrés durante una buena temporada. Uno de estos lugares es Santa María de Oló, situado al norte de la provincia de Barcelona.
El origen del municipio remonta a algo más de mil años atrás y el lugar es quizás uno de los mejores sitios de Barcelona para poder caminar y hacer una visita cultural a la vez. Cuenta con espléndidas arboledas y ermitas románicas que nos ofrecen, a la vez que una tranquila caminata, el disfrutar de paseos culturales.
Primero de todo podemos buscar la iglesia de Sant Feliuet de Terrasola, templo que se encuentra muy bien y totalmente restaurada y data del año 927. Su estructura es de dos naves paralelas con dos ábsides que se encuentran separadas una de la otra por tres grandes arcos sobre pilares de los que nacen los arcos más grandes que refuerzan la vuelta. Fue en el siglo XIII cuando se construyó la torre cuadrada que serviría y sirve como campanario.
El segundo templo que podemos visitar es el de la Iglesia Sant Jaume de Vilanova, que todavía se conserva entera y es de las pocas de planta redonda que se conservan y se pueden ver en Catalunya. También posee un ábside semicircular que está decorado con bellos arquillos lombardos de alrededores del año 1.000. Dentro, en el interior, se podrá ver una pequeña cúpula donde se observan cuatro hornacinas.
La siguiente parada puede ser la iglesia de Sant Vicenç de Vilarassau, de estilo románico como las otras. Dicho tempo se forma por una sola nave rectangular y un ábside semicircular adornado con arquillos lombardos. El campanario se sitúa en la cara frontal del edificio y dentro se podrá ver del arco triunfal.
La capilla de Sant Miquel d´Oló es de tipo de arquitectura rural y data del siglo XVII. Está hecha simplemente con una sola nave rectangular y un ábside también semicircular, además de tener una ventana doble. Está abandonada desde 1936.
Despidiéndonos ya de la localidad, la última visita la podemos hacer en la Iglesia Parroquial de Sant Joan de Oló, en la que se conservan tres retablos. El retablo más importante es el dedicado a Sant Joan Baptistas y data del año 1660.
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