Hemos repetido una y mil veces que Barcelona es una ciudad multicultural. Pero, más allá de lugares concretos, ¿cómo reconocerlo?, ¿cómo pensar que no es más que una ciudad grande que repite el mismo patrón migratorio de todas las ciudades grandes? Bien, veamos una ruta que nos demostrará lo contrario.
A un lado de la Rambla, el barrio gótico nos ofrecerá la respuesta. Y es que tan sólo hace falta cruzar la Plaça Reial para tomar conciencia del cosmopolitismo de Barcelona. Pronto llegaremos al barrio de La Ribera, donde en su parte superior, alrededor de las calles Sant Pere Més Baix y Sant Pere Més Alt se concentran la población latinoamericana y la caribeña. Ahí tiene, por ejemplo, la comunidad hondureña un local propio donde reunirse mientras comparte espacio con colles (“peñas”) de castellers y sardanistas.
Por debajo, el mismo Born se ha convertido en el barrio de moda de la ciudad. Bohemios en busca de inspiración, estudiantes extranjeros e inmigrantes procedentes de diferentes países son los vecinos más numerosos de una zona en plena y continua efervescencia, cada vez va a más a medida que las sombras ganan terreno a la luz solar.
En esta zona, cada semana se inaugura un nuevo restaurante y la fusión de sabores e influencias orientales son las líneas maestras en las cocinas de estos nuevos locales, de decoración minimalista en su gran mayoría.
Precisamente en el mismo Born encontraremos uno de los puntos que compite con el Raval como patrón o ejemplo de harmonía entre las distintas culturas. Cada fin de semana, como ya hemos comentado alguna vez en este blog, el parque de la Ciudadela se convierte en un verdadero festival espontáneo de ritmos y danzas de todos, absolutamente todos los rincones del mundo.
Como destino último, pegada al mar está la Barceloneta, antiguo barrio pesquero y tradicional de la ciudad. En los últimos años el vecindario ha rejuvenecido con la llegada de una importante masa de población del sureste asiático. Así, junto a esta nueva cultura, los restaurantes tradicionales de pescado y marisco (aunque desaparecidos desde hace tiempo los chiringuitos tras la remodelación de la fachada marítima), conviven sin mayores problemas con los primeros.