Farmacia Nadal

Barcelona es una fuente inagotable de lugares con interés, de monumentos y espacios que esconden una larga historia y formas de vida de los barceloneses. Así, las famosas Ramblas son gran exponente de ello. Anteriormente hemos hecho referencia a varias cosas que nos encontraremos al pasear por la larga avenida como, por ejemplo, las estatuas vivientes o el Liceo, incluso el Palacio de la Virreina.

Pero hoy haremos alto en un lugar que, quizás no tan importante arquitectónicamente, sí que tiene un interés histórico y cultural, tal vez incluso literario, que nos enseña la evolución de una Barcelona forjada sobre todo durante el siglo XIX. Un punto importante para visitar en alguno de nuestros próximos vuelos a Barcelona.

Localizada en el número 121 de Las Ramblas, la Farmacia Nadal fue realizada o construida en 1850, en pleno epicentro del siglo XIX. Su estilo es un bonito ejemplo del novecentismo, estilo que quizás ha sido un tanto menospreciado por la importancia del modernismo.

En su decoración destaca la conjunción de las líneas rectas clasicistas que enmarcan la entrada adintelada. Posee también un piso superior donde las curvas se traducen en el arco del ventanal y los mosaicos pintados con alargadas volutas parecen plantas trepadoras, más típicas del campo que de la ciudad. Todo ello queda decorado con un friso colgante en metal donde tiene la gracia de que se puede leer la palabra “Farmacia” en varios idiomas.

Esta farmacia ha visto en sus puertas las transformaciones de los últimos 150 años de la historia de Barcelona, parte de la historia de Barcelona que ha cambiado de manera definitiva la capital catalana. La Farmacia Nadal ha visto pasar la Exposición Universal de 1888, las barricadas y disparos de los anarquistas en 1909 y 1936, desfiles de las fuerzas franquistas, y hasta una ciudad en plena ebullición con el acontecimiento deportivo más importante de los últimos años en España, los Juegos Olímpicos de 1992.

Así pues, la Farmacia Nadal se convierte en el perfecto exponente de que en Barcelona no todo son monumentos históricos tradicionales y atracciones turísticas petrificadas. Esta ciudad mediterránea tiene una historia más popular, más auténtica, donde no sólo los reyes o nobles han sido protagonistas sino que el pueblo ralo y los comercios que han constituído sus servicios más básicos han adquirido un valor turístico que pocas ciudades y pueblos pueden presumir.

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