
La provincia de Barcelona es multicolor y multiforme, como la ciudad misma. En esta provincia catalana podemos encontrar de todo, desde playas paradisiacas hasta montañas verdes, desde el amarillo de los trigos hasta montañas rocosas.
La semana pasada hablamos precisamente de Mataró, una de las joyas de la zona, una pequeña capital dentro de la provincia de Barcelona y con un encanto propio que le daban sus monumentos, para nada menospreciables. Hoy hablaremos de otra pequeña capital de la provincia de Barcelona, precisamente de la capital de la comarca barcelonesa de Bages, Manresa. Esta población, que ronda los 70 mil habitantes, conserva un interesante legado monumental a la vez que una intensa vida comercial e industrial.
Manresa es una ciudad con una historia muy larga pues su estratégica situación a orillas del río Cardener proporcionó a la zona habitantes desde muy antiguo. En el lugar que hoy ocupa Manresa se situaba antaño la ciudad romana de Manorisa y quizás la Bacasis de las crónicas clásicas. La zona de Manresa, por su estratégica situación siempre fue objetivo militar, sobre todo en la época musulmana y, como resultado, la población no pudo adquirir importancia hasta el siglo XII.
Una vez el lugar dejó de ser, momentáneamente, objetivo de acciones militares, Manresa comenzó a ser objeto prolífico de edificios arquitectónicamente interesantes.
Podemos comenzar la visita a la capital de Bages por “La Seu”, la colegiata-basílica de Santa María. “La Seu”, que significa “La sede”, curiosamente nunca ha sido sede de un obispado pero la denominación popular así lo llamó. Este templo se levantó sobre los restos de otro anterior del que todavía quedan algunos restos, como la puerta con dos arquivoltas y un tímpano que se abre junto a la entrada.
La iglesia se comenzó a construir en 1322, pero ha estado en plena construcción y reforma durante todos estos siglos, sobre todo hasta el XV. Hasta Gaudí ideó un baptisterio y un atrio neogóticos que se añadieron a la fachada oeste. El templo consta de una amplísima nave central de 30 metros de altura por 18,5 metros de luz, rematado por un ábside poligonal.
Los espacios dejados por los poderosos contrafuertes de los muros albergan capillas laterales y las otras dos naves acogen un importante legado de pintura y escultura, del que la pieza más importante es el retablo del Espíritu Santo, el mayor de Catalunya en lo que al estilo gótico se refiere. En las capillas del ábside también podremos encontrar otros retablos góticos.
En otro post seguiremos hablando de las virtudes de este hermoso e histórico pueblo.