Barcelona se nutre tanto de arquitectura propia y tradicional como de la aprovechada de las ocasiones especiales, ya sea exposiciones universales o los mismos juegos olímpicos de 1992. Hoy hablaremos, precisamente, de una de las edificaciones que se conservan y se usan muy a menudo y que fue construida con motivo de los juegos olímpicos del 92. Nos referimos al Palau Sant Jordi.
De hecho, algunos opinan que se trata de la mejor obra de las realizadas con motivo de las olimpiadas. Lo cierto es que para las olimpiadas se hicieron muchas obras y la misma montaña de Montjuic quedó bien nutrida de edificios espléndidos. No obstante si que es verdad que el Palau Sant Jordi tiene algo que atrae la mirada.
Sus curvas tienen la elegancia de la discreción y la enorme virtud de acoplarse al entorno como un traje hecho a medida, tanto en relación con el resto de elementos arquitectónicos que componen el “Anillo Olímpico” como a los perfiles y los volúmenes de la montaña.
Recordando lo dicho hace poco, que es el mejor edificio de los construidos para los Juegos Olímpicos, la complejidad de la cúpula, que construida en el suelo y tuvo que ser alzada con gatos hidráulicos y colocada en una complicada operación que duró diez días, quizás le merezca no el mejor pero sí el más trabajado de los juegos olímpicos.
El edificio tiene capacidad para 17 mil espectadores y su autor es el japonés Arata Isozaki. Frente al Palau Sant Jordi podremos apreciar un bosque de extraños árboles artificiales que, con troncos de cemento y cables flexibles de metal, nos costará adecuarlo al entorno. Este “bosque” fue obra de Aiko Miyawaki y tiene por nombre “Utsurohi”, es decir, cambio.
En fin, la Barcelona olímpica tiene más de una representante por toda la ciudad, como por ejemplo el mismo Palau Sant Jordi o el mismo Puerto Olímpico. Las olimpiadas fueron la escusa perfecta para reorganizar y volver a llenar la ciudad de edificios emblemáticos, cosa que Barcelona ha sabido aprovechar y mantener la utilidad de dichos lugares y edificios a diferencia de otras muchas ciudades, que no saben que hacer con edificios emblemáticos que fueron utilizados tan sólo una vez para cierta ocasión especial.