
Si se nos pregunta por el mejor museo de Barcelona tendremos mil respuestas y ninguna de ellas será la acertada. No podemos decir cual es mejor museo de Barcelona pues, por decirlo exageradamente, Barcelona tiene un museo para cada persona.
Tenemos museos de todos los tamaños, de todos los tipos y hasta de todos los precios. Museos que nos ofrecen tan sólo colecciones permanentes o tan sólo colecciones itinerantes, museos que, por lo normal, tienen visitas a tope y otros que tan sólo los visitan dos o tres personas a la semana. En fin, para gustos, los museos.
El museo que hoy presentaremos, el museo de Frederic Marès (plaza de Sant Iu) es, seguramente, uno de los museos más estrambóticos y especiales de la ciudad. Es una exposición que podemos visitar solos o con niños, con amigos y en pareja. En fin, es un museo que seguro, no puede tener otra reacción en una persona, nos gustará.
Y es que no es fácil describir, ni mucho menos definir este museo. El escultor Frederic Marès i Deulovol, fallecido ya casi dos décadas (en 1991), fue un escultor que, además de labrar en piedra, tenía otra verdadera y curiosa pasión: el coleccionismo. Coleccionaba de todo, y cuando se dice de todo es que es de todo, llegó a juntar miles de piezas de los más diversos orígenes, épocas y temas.
Su museo es necesariamente ecléctico con sorpresas en cada rincón. De hecho es como una gigantesca feria de almonedas con utensilios de la vida cotidiana tanto del siglo XIX como de comienzos del XX. Sin duda, la planta más curiosa del museo es la tercera, llamada de la diversión, que contiene en su interior trastos para el ocio como escenarios de teatro en cajas, bicicletas, proyectores de cine, gramolas, y un etcétera curioso.
Las piezas más valiosas, en cambio, las encontraremos en la primera planta y en el sótano. En la primera se guardan las piezas de la antigüedad con una buena colección de tallas policromadas de cristos medievales catalanes y vírgenes de la época románica y gótica. En el sótano, en cambio, hay esculturas, capiteles y hasta ventanales de templos, entre las que se encuentra hasta una preciosa ventana románica del siglo XIII de la iglesia del pueblo alavés de Nanclares de Gamboa. ¿Cómo llegaría a sus manos?
Y es que esa pregunta no se puede responder. Barcelona tiene y ha tenido siempre personajes así, seres humanos que le dan el carácter y la vida a esta ciudad mediterránea famosa por sus gentes.