
Las iglesias de Santa Ana y la de Santa María del Pi, son dos templos religiosos que se concentran en el pleno centro de Barcelona y que, de alguna manera, se contagian del bullicio de la ciudad pues no es lo mismo visitar una hermosa iglesia en un pueblo de cinco mil habitantes que visitar una iglesia en pleno centro de una ciudad como Barcelona.
Ambas se pueden visitar y de hecho son recomendables pues si bien se rodean de bullicio y la típica actividad turística y ruidosa del centro de Barcelona, en su interior se puede uno distraer en soledad.
Comencemos pues por la iglesia de Santa Ana. Situado en la plaza del Doctor Amadeu, muy pocos turistas llegan a ella. Se trata del lugar ideal para sentirse cerca y lejos a la vez del mundo moderno. Este lugar tiene algo especial, está lleno de encanto y no se sabe por qué.
No tiene gran monumentalidad ni una belleza espléndida, pero quizás por el hecho de estar situado donde está y el ambiente que se respira le da un toque de simpleza y belleza que los grandes monumentos no tienen. Es una pequeña iglesia con claustro y de estilo gótico construida en el siglo XIII como parte del convento de la orden de monjes soldado del Santo Sepulcro.
En cuanto a la iglesia de Santa María del Pi puede decirse que es más conocida que la anterior pero no por el templo sino que por la bulliciosa plaza en la que esta situada, a saber, en la plaza del Pi. El templo es un inmejorable ejemplo del gótico catalán y su fachada, desprovista de cualquier ornamento salvo el gran rosetón, se abre por una bella puerta ojival.
El interior consta de una enorme nave única rematada con un ábside poligonal y flanqueada por capillas entre los contrafuertes. También destacan el coro y la capilla del Santísimo Sacramento, obra del siglo XV. La iglesia fue construida en 1322 y la plaza que tiene al lado fue un cementerio parroquial hasta el traslado de ésta a extramuros en el siglo XIX. Se puede disfrutar en la plaza de la casa del gremio de revendedores, del año 1686 y teniendo esgrafiados decorativos del siglo XVIII.
En fin, dos iglesias con un estilo parecido pero un pasado para nada similar. Es otra forma de visitar el centro de Barcelona pues no se encontrará mucho bullicio en sus interiores.