
La zona conocida como derecha del Eixample (o dreta de l’Eixample) es una de las menos conocidas de la Barcelona turística aunque residan en ella varias de las joyas de la capital catalana. La parte que concierne la parte derecha desde la Plaza de Catalunya, siguiendo el Paseo de Gracia y hasta la altura de la Diagonal es el ensanche burgués que Barcelona construyo entre el siglo XVIII, XIX y XX.
Así, hoy hablaremos de la Fundación Tapiès y el Hospital de la Santa Cruz (Santa Creu) y de San Pablo (Sant Pau), otros ejemplos más del modernismo en la ciudad de Barcelona.
La Fundación Tapiès está situado a la altura de la calle Aragón en el número 255 y es un viejo edificio industrial que ocupaba la antigua editorial “Montaner i Simon”. Como ya hemos dicho, hoy pertenecen a la Fundación Tapiès y es uno de los primeros edificios modernistas de Barcelona pues se terminó de construir en 1885 bajo la dirección de Lluis Domenech i Montaner. El nieto del artista fue el encargado de abrir las puertas de este precioso edificio a las obras de arte contemporáneo que hoy residen en exposiciones temporales. Desde 1990, la Fundación Tapiès nos muestra diferentes facetas y etapas del arquitecto, aunque su objetivo último es acoger diferentes exposiciones temporales de diversos artistas.
El segundo edificio que hoy comentaremos y que podríamos recomendar para un viaje a Barcelona es la obra maestra del modernismo civil en Barcelona: se trata del Hospital de Santa Cruz y de San Pablo. De hecho se puede decir que es una de las obras más grandes del estilo. De una factura exquisita que diseñó el mismo arquitecto y artista del edificio de la Fundación Tapiès, se construyó pensando en el hecho de que el arte puede ser una buena terapia. Así, si bien el diseño es de 1902 (basado en 17 pabellones independientes intercomunicados por pasillos subterráneos) y la primera piedra se construyó ese mismo año, la obra no terminaría hasta 1930 sin que el autor no pudiera verlo concluido. El hijo de Lluis Domenech i Montaner, Pere Domenech i Roura fue quien tomó el releo aportando algunos elementos de su propia cosecha.
Todo el conjunto es de una gran riqueza ornamental donde predomina el rojo del ladrillo contrastado con la cerámica y los mosaicos que revisten multitud de espacios. La parte más impactante es el edificio de acceso, donde una escalinata nos pone a los pies de una importante fachada de apariencia gótica en el que, como por casualidad, se alza una torre que remata un reloj.
Se sitúa en la calle de de San Antonio M. Claret (Sant Antoni M. Claret) números entre el 167-17.1
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